Me dice Nonia Pariente, en Twitter, que cometo una imprecisión al citar al BatCoV RatG13 como precursor del SARS-CoV-2 en la entrada de este blog del pasado 26 de abril.
La objeción es pertinente: Se trataría de una relación no justificada contradictoria con la relación, en principio, más probable (virus hermanos). No debería citarla entre las premisas.
Reformulo mi opinión teniéndolo en cuenta.
A fecha de hoy, 10 de mayo de 2020, algunos reconocidos virólogos y divulgadores científicos estiman como insignificante la posibilidad de que la COVID-19 provenga de un evento de laboratorio.
En mi opinión, esa posibilidad no es despreciable y debería ser objeto de investigación concienzuda.
Creo que es necesario hacer algunas consideraciones:
1- A día de hoy no hay evidencia de ninguna edición genética en el SARS-CoV-2.
Aunque no debemos olvidar nunca que “La ausencia de prueba no es prueba de ausencia”, dejaremos a un lado la hipótesis de la manipulación directa del ARN del virus.
2- Así pues convengamos, en principio, que estamos ante una zoonosis.
3- Los especialistas consideran que es prácticamente imposible el salto directo desde un coronavirus de murciélago precursor hasta el SARS-CoV-2 causante de la COVID-19.
Estiman necesaria, por lo menos, una especie huésped intermedia, por ahora, desconocida. Estamos hablando de un proceso de, al menos, 2 saltos.
4- Se abren 2 posibilidades:
5a- Zoonosis absolutamente natural.
En algún momento, antes de noviembre de 2019, el virus precursor salta de un murciélago a otra especie. Un tiempo después, alrededor de noviembre de 2019, un virus derivado (que casualmente posee características muy eficaces contra el ser humano) salta a una persona provocando la COVID-19: El infectado 0.
5b- Zoonosis no estrictamente natural. Origen en laboratorio.
Investigadores exponen, de forma programada y/o accidental, animales de laboratorio a coronavirus naturales o derivados. El virus derivado arraiga en alguno o algunos de esos animales y se desarrolla una variante última muy agresiva contra el ser humano: el SARS-CoV-2 primigenio.
5b1- Dentro del laboratorio un humano se infecta mediante un animal o con una muestra: el infectado 0.
5b2- Uno de los animales infectados se desecha de manera negligente. Un humano se contagia: el infectado 0.
5b3- Alguien, por la razón que sea (intencional o no), libera el virus. Un humano se contagia: el infectado 0.
En cualquier caso, es perfectamente posible que, aunque la COVID-19 sea en definitiva una zoonosis, se haya originado en un laboratorio.
En conclusión: ¿Cuál es la hipótesis más probable, más parsimoniosa? ¿Cuál es la aplicación correcta de la navaja de Occam?
¿Zoonosis absolutamente natural? ¿O zoonosis mediada y/o acelerada por un laboratorio (…no necesariamente de manera intencional en todos y cada uno de los pasos)?
A primera vista, la hipótesis de que estemos ante un proceso exclusivamente natural parte con enorme ventaja. La naturaleza es muy capaz de crear virus letales para el ser humano. Lo ha hecho muchas veces (viruela, sarampión, rabia...).
Pero en el caso de la COVID-19 debemos valorar varios hechos sumamente inquietantes:
1º- China es enorme… ¿cuál es la PROBABILIDAD ESTADÍSTICA de que una ZOONOSIS ESTRICTAMENTE NATURAL EXTRAORDINARIAMENTE EFICAZ, cuyo origen es un coronavirus de murciélago, SURJA PRECISAMENTE en la CIUDAD que es la sede de los LABORATORIOS especializados en coronavirus de murciélago y las enfermedades resultantes (WIV, WCDC…)?
¿Por qué esta zoonosis no aparece en una remota aldea de la China rural? Como, por ejemplo, en Guangdong, Guangxi o Yunnan. En el entorno natural de alguna de esas cuevas, hogar de murciélagos herradura, a las que los microbiólogos de Wuhan acudían a recolectar virus. A muchos cientos de kilómetros de su laboratorio.
2º- El escape de un virus letal desde un laboratorio no es que “pueda” ocurrir. No es una simple hipótesis.
Es un hecho que YA HA OCURRIDO ANTES en varias ocasiones.
Por ejemplo, un SARS-CoV-1 (coronavirus “primo” del causante de la COVID-19) escapó de un laboratorio de Beijing en abril de 2004. Hubo varias personas contagiadas y causó víctimas mortales.
Contamos, incluso, con un antecedente de zoonosis que estalló por primera vez en un laboratorio. Fue en Alemania en 1967 y murieron varias personas. Antes de esa fecha no hay noticia de su existencia. Se trataba también de un virus procedente de murciélago y cuyo último huésped antes del ser humano fue un primate (mono verde africano): El virus Marburg.
3º - La EXCEPCIONAL EFICACIA INFECCIOSA del SARS-CoV-2 sugiere que el último salto a nuestra especie puede haberse producido desde un huésped biológicamente cercano.
¿Qué mejor entorno, en DENSIDAD y EXPOSICIÓN, de ESPECÍMENES biológicamente CERCANOS al ser HUMANO (naturales o genéticamente modificados: rhesus, ratones humanizados…) que un LABORATORIO?
Con anterioridad a noviembre de 2019, en algún laboratorio de Wuhan…
- ¿Se ha expuesto especímenes a infecciones o co-infecciones del coronavirus BatCoV RaTG13 o relacionados?
- ¿Se ha co-expuesto animales transgénicos para ACE2 humana a coronavirus con y sin afinidad por la hACE2 (o derivados)?
- En definitiva: ¿Se ha utilizado animales de laboratorio (en particular estirpes transgénicas humanizadas) como “reactor biológico” para recombinar virus en un proceso de selección co-evolutiva acelerada y orientada?
Conclusiones:
1) La existencia de antecedentes de contagios virales originados en escapes de laboratorio, el lugar en que estalló esta enfermedad y las peculiaridades de este coronavirus hacen que las posibilidades de que la COVID-19 pueda haber surgido en un laboratorio sean dignas de consideración y estudio.
2) Cada día que pasa sin encontrar una especie natural huésped desde la que saltara el SARS-CoV-2 al ser humano se hace más pertinente investigar si ese último huésped pudiera haber sido una especie animal de laboratorio. En especial alguna transgénica para expresar la ACE2 humana.
El origen de la COVID-19 no es un asunto menor. A día de hoy hay más de 280000 personas muertas.
Y no ha acabado…
El origen del virus ha de ser aclarado a la mayor brevedad posible. Es un deber científico y moral. Esclarecerlo puede ser trascendental para combatir mejor esta pandemia hoy y evitar otras en el futuro.